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lunes, 24 de enero de 2011

Medallas en las playas

A la Gran Europa, este simpático sueño hitleriano que cada vez está más cerca de hacerse realidad, le pasa como a la madame Castafiore en los cómics de Tíntin, que canta, y cómo desafina la señora, "Me río cuando me miro al espejo, laralá, laralá". La lástima es que no vomite, aunque sea un poquito. La política europea ha perdido el rumbo, está como desorientada y no sabe reconocer los valores universales.Nada, nada, una pena. Lo peor de todo es la política de concesión de premios. Un error tras otro. No dan pie con bola estos gestores y tecnócratas que apenas aciertan en sus decisiones. Por ejemplo, el premio a los emprendedores, perseverantes y gente con vistas al futuro. Negociantes, científicos, intelectuales, etc. ¡No!, no, estáis muy equivocados. Eso no es nada. Qué va a saber esta gente. Pensar un poco. Imaginemos a un muerto de hambre de cualquiera de los hemisferios. La odisea de atravesar con escasos recursos medio planeta. Hambre, sed. Miedo. Persecución. Muerte. Pero el hombre no claudica. Tira para adelante hasta llegar a la tierra prometida de acogida, a la Gran Europa. ¿Y qué se encuentra ahí? ¿Cómo es agradecida y celebrada su odisea, digna del aventurero más audaz? ¿Con un banda de música le reciben? Pues no, le empujan de vuelta al mar, si pueden, o le muelen a palos como un perro. Señores, por dios, que falta de visión política, de perspicacia. ¡Si habría que darle y ponerle una medalla nada más llegar! ¡Y de oro! ¡Oro macizo con diamantes! Si gente como esta es la que hace falta para salir de la crisis. Gente emprendedora e incansable. Venga hombre. Saquen a todos los chupatintas de los ministerios. A todos los funcionarios. A los presidentes y diputados. ¡Todos fuera! Y pongan a los muertos de hambre. Da igual que huelan mal, nadie es perfecto, seguro que sacan el país para adelante por poco que hagan. Incluso puede que encuentren hasta las joyas de la Castafiore. Menudos son ellos.