viernes, 17 de diciembre de 2010

No tan Bello, ¡por dios!

Ya dije hace tiempo que las maledicciones bíblicas nos acechaban por todas partes. Primero fue el MAL húngaro y ahora le toca al BELLO colombiano. La divinidad ha entrado en una vía de ironía sofisticada donde lo más bello, lo estupendo y noticiable es que la gente muera enterrada por toneladas de barro, empujadas por el peso de un cementerio de residuos ilegal. Y tenía que ser en la población de Bello, ¡cómo no!, un lugar ideal para morir divinamente. La gente es muy posible que no aprecie la gracia de nuestro señor, pero ¡es que hay muy poca fe hoy en día! Rezad un poco y el creador pensará alguna manera divertida de daros muerte o de fastidiaros la vida un poco más. Por el sufrimiento se gana el cielo. Con basura encima ya es un plus.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Batracios ópticos

La optografía según sesudos estudiosos es la fotografía de objetos brillantes y de alto contraste que en teoría permanecen impresas en la retina durante media hora después de la muerte. O sea que hay que darse prisa si queremos obtener alguna pista. Alguien recordará quizá un episodio de Twin Peaks donde se obtenía la última imagen de una de las víctimas femeninas: una bonita moto. No está mal para antes de morir.
La primera noticia que se tiene de este procedimiento procede de la universidad de Heidelberg, donde el doctor Kuhne (1881) examinó los ojos de una rana muerta, porque no soportaba volver a casa para ver a su oronda mujer, y distinguió en la retina la impresión casi imperceptible del mechero bunsen del laboratorio. Que se sepa, el doctor no era adicto a ninguna droga alucinógena y el mechero era sólo para usos científicos. Este investigador dedujo que antes de morir, la rana había mirado fijamente la llama, mientras maldecía al doctor que la mataba, y así, este honrado profesor pudo observar la imagen de lo último que vio. Por suerte, no pudo oír lo que pensaba la rana.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El agente Johnson

Un hombre de mediana edad, acudió al servicio de urgencias del hospital de la ciudad. Una vez dentro, se registró con el nombre de Harry Backman. También solicitó ingresar en la sala de psiquiatría. La gracia del asunto es que a pesar de que todos los documentos le identificaban como Harry Backman, resultaba que su nombre real era Johnson. Un enfermero le preguntó cuál era su apellido entonces, si Harry no era él. Su respuesta fue: "No me está permitido revelarlo". Y no hablaba en broma, explicó ante las caras de sorpresa de los residentes de psiquiatría que en realidad él era el agente Johnson -como el limpiador...-, del FBI, nada menos, y que estaba encargado de descubrir el paradero de Harry Backman, que había desaparecido.

Se ve que el tal Harry, según Johnson, viajaba de ciudad en ciudad, y el también, Johnson, claro, viajaba, haciéndose pasar por paciente en hospitales de psiquiatría donde Harry había estado ingresado para recabar información. De momento tenemos un buen argumento para una película, lástima que se trata de una caso real como la vida misma.

El asunto sigue así. Harry era epiléptico y tomaba medicación. Johson no, por supuesto, que le buscaba y se comunicaba con sus superiores de la "Agencia" con una radio especial supersecreta de alta tecnología. Las órdenes que había recibido eran sorprendentes. Debía venir justo a este hospital y ser admitido en psiquiatría como paciente porque Harry, el otro, había sido tratado cuando tenía diez años. Y bueno, quizá se podía seguir su pista de estado en estado. De hecho, los servicios de inteligencia siempre demuestran muy poca inteligencia, recuerden Irak amigos de la red, así que un disparate más no sería tan raro, incluso estaría dentro de la lógica borrosa de los defensores de la ley.

Ahora viene lo más bueno, el paciente Johnson -o el agente, depende desde dónde se mire- confesó su miedo de que el Harry real estuviera muerto y enterrado, y lo que es peor, oh qué terrible, de que un impostor estuviera suplantándole para cobrar el subsisio de enfermedad.

A estas alturas, ya empieza a ser muy difícil saber quién es más real si Johnson o Harry, si hay más de un Harry más de un Johnson, resulta difícil hasta saber cómo me llamo y ustedes lectores deben haber olvidado hasta el día en que nacieron, que, en parte, mucho mejor, estaba muy oscuro y hay poco que recordar excepto la palmada en el trasero. Los médicos siempre igual de simpáticos y emprendedores.

El final, ya se lo pueden imaginar, el agente Johnson vivía en un centro, pero no precisamente de inteligencia, sino psiquiátrico, y su nombre real era, efectivamente Harry Backman. Bueno, ¡eso es que lo dicen los médicos!, porque Johnson sigue de misión secreta y cree que todos los médicos, funcionarios y demás asalariados no son sino espías, y también los barrenderos, los camareros, la mujer que pasea al perro, la vecina, el oficinista. Todos todos son espías y forman parte de un complot universal que se inicia a los diez años de Harry en el hospital. Ya lo ven, la historia de la civilización no empieza con Adán, sino con Harry. Harry es el primer hombre. Todos venimos de Harry. Somos clones de Harry. ¡Viva Harry! ¡Harry ha muerto, viva Harry!

El agente, como Harry, también era epiléptico, y después de sufrir un ataque, un enfermero le preguntó: "Pensaba que era Harry y no Johnson el que tenía epilepsia". Seguramente se debió de sentir muy gracioso por esta ocurrencia, al poner de manifiesto la contradicción del supuesto paciente. Sin embargo, años de entrenamiento secreto en la "granja" de la CIA, encapuchado, permitieron al agente Johnson dar una réplica muy acertada: "¡YO SOY Harry!", exclamó el agente experimentado, con una sonrisa en la cara, a ver qué se habían creído, y además "¡Por fin le he encontrado!". Johnson encontró a Harry. Y Moisés la tierra prometida. Fin de la misión. Objetivo cumplido. La humanidad podía disfrutar de un nuevo amanecer.
(Dedicado con aprecio a DOBBLE GUM)

domingo, 24 de octubre de 2010

El MAL húngaro, ¡y no es la sífilis!

Con un poco de suerte los augustos magiares y los pobladores de las tierras húngaras no conocen las lenguas romances, como el castellano, no dominan el lenguaje clásico latino o no son supersticiosos, porque si no empezarían a creer en las maledicciones divinas. Ya me imagino los titulares de los periódicos: "Las fuerzas del MAL se abaten sobre Hungría". Transilvania no es nada. Drácula el empalador no es nada. ¡Escuchen y vean! El MAL auténtico es el depósito de residuos tóxicos de la planta de aluminio MAL (Magyar Aluminium). El MAL es el MAL. Para rematar la faena, en la mejor tradición de las plagas de Egipto. el MAL es rojo ¡y quema! ¿Será el infierno? Para algunos sí. Pero bueno, con unas cuantas palas todo se arregla. Seguro que incluso es bueno para la tierra. Si los peces salen más gordos al lado de las centrales nucleares, pues el aluminio con sosa cáustica ya debe ser fabuloso. Propiedades curativas y todo. Como era aquello de la Bola de Oro...El mal es el capital... El mal es el capital... Como no hay otro, ¡qué remedio! ¿Y el bien? Pregunte por ahí, hombre, a ver si le indican dónde está.

jueves, 7 de octubre de 2010

Noticias sangrientas

Los accidentes de coches son un tema apasionante, empezando porque no se trata de accidentes. A ver, miles de personas conduciendo juntas, a pocos metros, unos trastos metálicos con cuatro ruedas a muchos kilómetros por hora, la mayor parte del tiempo pensando en otras cosas. ¡Lo raro es que llegue alguien vivo al destino! Debería recibir un premio a la supervivencia. Pero no, publicistas, políticos y periodistas se empeñaron hace tiempo que lo normal era correr como locos y no pegársela y que lo excepcional era el choque. Habría que darles una medalla a la inventiva y otra por conseguir una cuota de pantalla inexplicable. Digo yo, ¿es más noticia un accidente de coche que una muerte por paro cardíaco o por insuficiencia respiratoria? ¿Qué pasa aquí? ¿Es que morir al volante tiene más glamour, da más puntos que hacerlo como la mayoría? ¿Es que es más importante morir en la carretera entre hierros retorcidos, que hacerlo de manera vulgar y anónima? Qué me va usted a decir hombre, no compare morir en un accidente múltiple que romperse la crisma por resbalar con una piel de platano. Lo dicho, una medalla, los telediarios a partir de ahora sólo emitirán accidentes de tráfico y choques en cadena. Es gratis porque los actores no cobran ¡Claro, porque están muertos! Muérase usted bien hombre, que va a salir en la tele. No sea vulgar.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fuga de cerebros...



Este es uno de esos casos en que no se sabe si es mejor reír o llorar. El interés académico no se ve por ninguna parte, realización pésima -a no ser que se trate de la última moda en películas experimentales...- y dudoso gusto. Sobre todo un ¡hurra! por el cámara, ¡felicidades!, seguro que pasas a la posteridad por tu raro sentido del equilibrio. Al menos puede servir para contextualizar las tres actitudes básicas de un estudiante de medicina o medicina forense ante su primera autopsia:
1. La risa idiota y nerviosa, con chistes de mal gusto como mecanismo de defensa.
2. La cara de asco y la carrera para ver quién llega antes al lavabo para vomitar.
3. La indignación ante la falta de consideración por el ser humano y el ambiente como de fiesta macabra al lado del cadáver.

Es como una prueba de resistencia, un test para hacer en casa delante del ordenador. Usted querido internauta ¿cuál cree que sería su reacción? -¡Y no vale hacer trampas!
Manden las respuestas a donde crean conveniente. Abstenerse bolsas con vómito y similares, por favor.